"Napoleón" de Ridley Scott- RESEÑA

 

Mi padre y yo fuimos a ver esta película a nuestro cine local a las 22, lo que significa que cuando salimos ya era la 1. El centro comercial estaba vacío, pero todas las luces permanecían encendidas. Me encanta salir de una película de noche.


Lo que no me encanta tanto es cuando una película se ha dedicado a gastar mi tiempo durante 2 horas y 38 minutos. En este mundo post Endgame y Oppenheimer parece que ya nos hemos acostumbrado a películas largas, pero una cosa es que un largometraje dure tres horas y otra que se sienta como que dura tres horas.

El mayor éxito de Napoleón es que presenta al espectador una visión general de la vida del emperador. Por supuesto, tras las críticas que recibió por sus desviaciones históricas, no podemos nunca estar seguros de si nos presentan un hecho histórico o una ficción cinematográfica. A lo mejor acaba siendo algo bueno que nuestra querida España no sea ni mencionada.

La película se divide entre las batallas y la relación entre el general y Josefina. Las primeras son feas e incoherentes, en gran parte gracias al horrible filtro azulado que permea toda la película. Por mucho que se hayan trabajado los detalles exactos de la batalla, la narrativa no las convierte en momentos importantes a nivel emocional. Las batallas carecen de tensión o peligro real, y no se molestan en enseñarnos el proceso de decisiones del gran estratega, de modo que acabamos con un montón de escenas confusas y difíciles de ver que no tienen ningún significado más allá de darte una visión Wikipedia de la vida del Emperador.

La relación con Josefina resulta en cambio más interesante. Es una interesante exploración de una dinámica turbulenta y codependiente. Los actores están dando el máximo. Sin embargo, no llegué a conectar con los personajes o su relación en ningún momento, y me pregunto si es siquiera posible que Napoleón llegase al trono francés sin una gota de carisma.

En conclusión, al intentar construir una película simultáneamente grandilocuente e íntima, Ridley Scott y su equipo se han olvidado de una parte muy importante: hacer que nos importe. (Y hacerla visible, no puedo enfatizar más lo mal que se ve con ese filtro).

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